El periodista Javier Carrión nos inspira a descubrir Sefarad con su Diario de Viaje a la Judería de Jaén, la primera etapa de su viaje por las Juderías de Andalucía.

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Jaén mora, Jaén cristiana… Y, sí, también Jaén judía. Trescientos kilómetros y poco más de tres horas de viaje en coche desde Madrid necesito para llegar al corazón de esta vieja ciudad andaluza visible desde cualquier punto por su buque-insignia, la gran catedral -con balcones y su embaucadora leyenda del Santo Rostro- que ideara el insigne arquitecto Andrés de Vandelvira. Mi cita con Eva María, guía oficial de Jaén, está pactada en la plaza de la Constitución, punto neurálgico de esta ciudad en la que lo que lo primero que me llama la atención es la existencia de las vías de un tranvía que, al parecer, nunca funcionará en sus calles, pero que siguen pagando los jiennenses por las consecuencias de la última crisis en nuestro país.

 

Un pequeño paseo es suficiente para alcanzar el Museo Provincial, que alberga el mayor tesoro del arte íbero en España, tras la archifamosa Dama de Elche, que conseguimos recuperar a los franceses. No es otro que el tesoro de Porcuna, donde las luchas de guerreros impresionan por su gran realismo, tan valioso que en los próximos meses recalará en un nuevo museo jienense. Sin embargo, mi atención se centra en una urna de cristal del edifico central que protege dos sencillos objetos: el primero, un puntero (“yab) de 10 centímetros de longitud que servía en el siglo XIV para la lectura de la “Torá”, el texto sagrado de los cinco primeros libros de la Biblia, que no puede ser tocado por los fieles; el segundo es un simple amuleto con dos agujeros con texto en hebreo y la imagen de un hombre con barba. Muchos de estos objetos idénticos, hechos en plomo, se difundieron desde Provenza a toda la península ibérica, pero estos son dos joyas hebreas de incuestionable valor histórico y se encuentran, aunque muchos no lo sepan, en Jaén.

 

Impresiona descubrir, de la mano de mi especialista, como está documentada la presencia de los judíos en Jaén desde el año 612, fuertemente arabizados tras la conquista musulmana, tanta que no dudaron en aliarse con ellos, aunque la población hebrea residía en un barrio propio. “Llegaron a tener una población superior de 1.500 habitantes en el siglo XIV y se convirtieron en la tercera ciudad más importante de España tras Toledo y Córdoba”, me dice Eva mientras paseamos en torno a una bella fuente con agua, que nos refresca a todos del calor veraniego que ha azotado a Andalucía este año, y de un restaurante abierto a su lado, el Pilar del Arrabalejo, el único en ofrecer comida sefardí en la ciudad, del que me recomiendan sus exquisitas tapas y el paté y la ensalada de perdiz.

Diario de Viaje a la Judería de Jaén. Puerta de Baeza, Jaén. © Javier Carrión / Red de Juderías de España | Descubre Sefarad

Puerta de Baeza, Jaén. © Javier Carrión / Red de Juderías de España

Es el momento de cruzar la Puerta de Baeza, la entrada al antiguo barrio judío y el lugar elegido por sus moradores cuando se iniciaron las persecuciones en el siglo XV. No queda nada de esa puerta, solo un dibujo que nos ayuda a imaginar cómo era esta construcción con la ayuda de un panel informativo, pero sí una menorá gigante, el simbólico candelabro de siete brazos habitual en el culto que sirve de homenaje a los judíos de la diáspora sefardita. Se inauguró en 2004 -me comenta Eva- con la presencia de un rabino de Málaga y resultó muy emocionante “porque se escuchó una oración en hebreo, la primera desde 1492”.

En mi camino por la judería atravieso la capilla de San Andrés, antigua sinagoga antes de convertirse en iglesia cristiana, y en el número 14 de la calle del mismo nombre entro en el museo taller de Luis Barbero. Este artesano de 77 años guarda en este auténtico museo las maquetas en madera de los edificios más importantes de la ciudad, como esta Iglesia de San Andrés, algo intrigante por sus dos sorprendentes entradas, o el bellísimo Teatro Cervantes, que desgraciadamente desapareció para levantar un discreto edificio moderno en su solar. Luis no cobra entrada alguna, pero enseña con orgullo su colección, a solo unos metros de la antigua sinagoga de Santa Cruz, documentada por un antiguo pleito de la monjas del Monasterio de Santa Clara, situado en este mismo lugar.

Mi mirada se dirige al centro de la plaza situada delante un muro original más elevado que el resto de la edificaciones. En ese lugar se halla una estatua dedicada a Hasday Ibn Shaprut, nacido en el número 6 de la plaza de la Magdalena en el año 910 junto a la actual Iglesia del mismo nombre, primera mezquita de la ciudad, con unos hermosos baños árabes que se han conservado casi milagrosamente. Ibn Shaprut fue médico, diplomático, escritor, traductor, mecenas de poetas, filósofos, gramáticos y científico y, sobre todo, consejero del califa más poderoso de Al-Andalus. Abderraman III le “fichó” para su Corte como si se tratara de un auténtico ministro de Asuntos Exteriores del Califato y le nombró príncipe “nasir”, o jefe de las comunidades judías de Al-Andalus. Para los jiennenses es, simplemente, el más ilustre judío de su historia.

Antes de abandonar Jaén, impresionado por la conexión hebrea de una capital andaluza que ahora no supera los 115.000 habitantes, no me resisto a visitar la grandiosa Catedral, también con secretos hebreos como, por ejemplo, en su impresionante coro y sillería de madera (s. XVI) donde hay escenas de la Biblia. Y es curioso comprobar aquí también como existen detalles hebreos que no escapan a los estudiosos. Me sorprende, por ejemplo ver en algunas escenas de los asientos como Jesucristo está rodeado por judíos en lugar de soldados romanos durante su crucifixión, o cómo los judíos conversos eran identificados con una gran “X” en el pecho. Qué curioso, unos siglos antes de que los judíos fueron perseguidos por los nazis hace menos de cien años.

El ingenio del arquitecto Andrés de Vandelvira se descubre en todos los rincones del templo, que hay que recorrer si es posible con una visita guiada, pero no se olviden en ningún caso de la capilla mayor, donde se guarda la reliquia del Santo Rostro, enmarcada en una pieza de orfebrería cordobesa. Cuenta la tradición que es uno de los tres lienzos que utilizó la Verónica para secar el rostro de Cristo en su camino al Calvario y que fue traída a Jaén por el Obispo Nicolás de Biedma, que la obtuvo del Papa Gregorio XI. Hoy vuelve a ser mostrada al pueblo cada 15 de agosto, día de la Virgen, desde los balcones exteriores de la catedral, gracias a la iniciativa del actual deán del templo, Francisco Juan Martínez Rojas.

Diario de viaje a la Judería de Jaén | Descubre Sefarad | Panorámica desde el castillo de Santa Catalina, Jaén. © Javier Carrión - Red de Juderías de España

Panorámica desde el castillo de Santa Catalina, Jaén. © Javier Carrión –
Red de Juderías de España

Por último, antes de regresar a mi hotel, el HO Ciudad de Jaén, para recuperar energías y tomar una buena ducha, me despido de la ciudad desde el Castillo de Santa Catalina cuando los últimos rayos del sol iluminan la capital. En su gran Cruz, instalada en el lugar donde Fernando III el Santo clavó su espada al conquistar la plaza musulmana en 1246, apreció todavía más la belleza de esta ciudad rodeada de montañas. Espera Lucena, la perla de Sefarad.

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