Continúa el viaje de Carmelo Jordá por las juderías extremeñas. La segunda etapa de su viaje le lleva a Plasencia.

Un ciclo de expulsiones y reubicaciones que iré descubriendo en prácticamente todas las paradas de mi viaje. Así fue también en Plasencia, donde, al contrario que en Cáceres, es la segunda judería la más evocadora, con la primera enterrada bajo la mole del Convento de Santo Domingo, que hoy es el Parador de Turismo.

En esta segunda parada tengo la suerte de hospedarme en el Palacio Carvajal Girón, que no sólo es un hotel bellísimo en un espectacular palacio del S. XVI, sino que ocupa el mismo solar en el que se construyó la Sinagoga Nueva.

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Junto a ella, en dos calles que aún hoy serpentean hacia el centro de la ciudad –la Trujillo y la Rúa Zapatería- se establecieron los judíos pacenses cuando fueron expulsados de la primera zona, algo más apartada, de nuevo al borde de la muralla. Yuçe Alaçán, Abraham Almale, Yuçe Caçes, el hijo de Beroha que se llamaba Samuel… unas baldosas en el suelo nos recuerdan el lugar exacto en el que se encontraban algunas casas de los judíos de Plasencia, una conexión que viaja más de cinco siglos atrás en el tiempo, pero que se mantiene justo en ese espacio, en ese metro concreto de la calle empinada.

Seguro que Yuçe, Abraham y los demás hubieran preferido no tener que partir, pero seguro también que, como aquellas familias que durante siglos han mantenido el recuerdo de Sefarad viviendo a miles de kilómetros, se emocionarían al ver que su antigua casa y ellos mismos todavía son recordados.

Diario de Viaje por la Judería de Plasencia | © Carmelo Jordá | Red de Juderías de España | Descubre Sefarad

© Carmelo Jordá | Red de Juderías de España

El segundo día de mi viaje por las juderías extremeñas va a terminar con una cena muy especial en Casa Juan, uno de los mejores restaurantes de Plasencia y el único que me ofrece exactamente lo que demanda mi ruta: un menú sefardí. Me acompañan Juan e Isabel, los propietarios y auténticas almas del lugar, que me cuentan cómo empezaron a hacer menús sefardíes en una jornadas especiales durante una semana de febrero, y cómo la iniciativa ha tenido tanto éxito que algunos platos se quedan en la carta el resto del año.

Diario de Viaje por la Judería de Plasencia | © Carmelo Jordá | Red de Juderías de España | Descubre Sefarad

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Además, si se pide con antelación, en cualquier momento puedes degustar tu propio menú basado e inspirado en la comida que los propios judíos de Plasencia tomaban hace siglos. El que disfruto yo es una auténtica y abundante delicia, con platos espectaculares como el milhojas de pimiento con anchoas y mermelada de tomate, el cordero confitado con cus cus o los deliciosos latkes de manzana, el toque dulce con el que cerramos la opípara cena.

Casa Juan está en la calle –que también podría ser callejón- Arenillas, uno de los rincones más bonitos de la judería. Cenar en la terraza al fresco del verano, recordando y disfrutando la cocina sefardí y en ese lugar tan especial es, sin duda, una experiencia inolvidable para cualquier viajero, pero aún más para los que buscamos ese lazo con el pasado.

Diario de Viaje por la Judería de Plasencia | © Carmelo Jordá | Red de Juderías de España | Descubre Sefarad

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Aunque lamente abandonar mi habitación en el Palacio Carvajal Girón, desayuno temprano para poder acercarme a uno de los lugares más especiales de mi viaje: el cementerio judío que aún conserva Plasencia. Fuera de la muralla, en la rocosa ladera de un cerro que aún queda a esta parte del río, el sol de la mañana se levanta rápido y fuerte para iluminar con dureza las viejas tumbas –ya vacías, obviamente- excavadas en la piedra. A pesar de que la información disponible no es mucha, las pequeñas tumbas parece que nos cuenten una historia: la de esa comunidad que se aparta de la ciudad para enterrar a los suyos casi en secreto, en huecos hechos como de urgencia en la dura piedra, sin mucho ornato y con poco boato.

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Sea cierta o no mi ensoñación un tanto triste, el cementerio judío de Plasencia en uno de esos pocos lugares que, más de 500 años después, nos transmiten esa extraña sensación que se tiene al saber exactamente lo que ocurría allí a través de un océano de siglos, de tiempo y hechos que han ido acumulándose desde entonces. Paladeando ese momento me pongo a conducir hacia Hervás. Sólo media hora me separa de la tercera y última etapa de mi viaje, pero a mi llegada el paisaje es muy diferente: más serrano, en un valle más estrecho, entre grandes bosques de castaños.

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