David F. Sánchez y Beatriz de Lucas Luengo nos guían por las calles de la judería de Calahorra.

 

Descárgate gratis el ebook “Las juderías del destierro”, de David F. Sánchez y Beatriz de Lucas Luengo.

 

Sefarad: la tierra donde los judíos hispanos vivieron con prosperidad, “un paraíso perdido”, nos aclara María Concepción Cordón, guía de la Red de Juderías, quien nos recibe en la capital riojana de las verduras. Aunque también es la tierra del sufrimiento, de la expulsión. Según la época que estudiemos, los judíos vivieron mejor o peor. Asunción Blasco, medievalista de la Universidad de Zaragoza, considera que con el término Sefarad los judíos se referían “al extremo más occidental del mundo conocido, es decir, a la entidad geográfica formada por la Península Ibérica y las Islas Baleares”.

Iniciamos la visita en la Plaza del Raso de Calahorra y nos dirigimos hacia la Plaza del Doctor García Antoñanzas, el principio de la aljama judía. Cordón nos avisa que del barrio hebreo sólo perviven el trazado y algunos documentos históricos en el archivo municipal. Hay que tirar de memoria para buscar los orígenes de las huellas judías en la Península, que algunos estudiosos sitúan muy avanzado el Imperio Romano. Por qué llegaron los judíos al norte de la Península parece claro: los destierros de Al-Andalus y la presión de los conquistadores árabes forzaron a muchos judíos a trasladarse a los reinos cristianos del norte.

 

Callejuelas en el barrio de la judería de Calahorra. © Beatriz de Lucas Luengo - Red de Juderías de España

Callejuelas en el barrio de la judería de Calahorra. © Beatriz de Lucas Luengo – Red de Juderías de España

 

Durante el califato omeya y los posteriores reinos de taifas, el amo musulmán toleró de muy buen grado a los hebreos. Pero después llegaron los almorávides y los almohades, y su intransigencia hacia el diferente obligó a los sefarditas a marcharse de los territorios que les habían visto florecer. Así, el judío era moneda de cambio para unos y otros, cristianos y musulmanes, que se disputaban la vieja Hispania. España ni existía ni se la esperaba.

Nuestra guía nos acerca a la Iglesia de San Francisco, en cuyo lugar existió un templo mozárabe dedicado al Salvador, muy cerca de donde se localizaba la sinagoga, destruida tras la expulsión de 1492, en la calle Dean Palacios. Se sabe de la existencia de este edificio por referencias documentales, porque Calahorra aún no se ha metido de lleno en la excavación arqueológica; cuestión difícil en una zona de la ciudad que sigue habitada, aunque ahora por población mayoritariamente musulmana.

 

Emparrados en la antigua judería de Calahorra. © Beatriz de Lucas Luengo - Red de Juderías de España

Emparrados en la antigua judería de Calahorra. © Beatriz de Lucas Luengo – Red de Juderías de España

 

Y así, las calles de la Catedral, Murallas, Cabezo y de los Sastres (donde estaba la puerta de la aljama) encierran en un cuadrado la antigua judería de Calahorra por la que María Concepción Cordón va desgranado otros detalles de sus moradores. En la ciudad riojana buena parte de la población sefardí, unas 600 almas en el siglo XIII, era dueña de tierras o se dedicaba a distintos oficios en talleres o curtidurías. Había comerciantes, sin duda, pero esa visión tan extendida de que no existían judíos pobres y que todos se dedicaban al cambalacheo es otro cliché más de aquellos a los que les gusta reducir la realidad a gotas de agua que se pierden en el torrente de la Historia.

 

Centro cultural en la calle Deán Palacios de Calahorra. © Beatriz de Lucas Luengo / Red de Juderías de España

Centro cultural en la calle Deán Palacios de Calahorra. © Beatriz de Lucas Luengo / Red de Juderías de España

 

Salimos del barrio judío pensando que han cambiado cosas con el paso de los siglos, pero determinadas afirmaciones fáciles, nacidas más de la leyenda que de la verdad histórica, no han evolucionado tanto. Se hace tarde, aún no hemos deshecho nuestra maleta en el Parador de Calahorra y mañana nos espera Estella, en la cercana Navarra.

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